El récord mundial de salto de altura masculino sigue perteneciendo a Javier Sotomayor, que superó los 2,45 metros en Salamanca. La cifra parece sencilla, pero detrás hay una combinación extrema de velocidad, fuerza reactiva, coordinación y precisión técnica. Aquí explico quién mantiene las mejores marcas, cómo se validan y qué puede aprender un atleta que quiera mejorar su propio salto.
Las cifras que definen la historia del salto de altura
- 2,45 metros es el récord mundial masculino, logrado por Javier Sotomayor.
- 2,10 metros es la plusmarca mundial femenina, conseguida por Yaroslava Mahuchikh.
- La marca masculina se estableció el 27 de julio de 1993 en Salamanca.
- El salto moderno utiliza principalmente la técnica Fosbury flop.
- Para superar el listón, el atleta debe despegar con un solo pie.
Cuál es el récord mundial de salto de altura
La mejor marca masculina al aire libre es de 2,45 metros. La consiguió el cubano Javier Sotomayor el 27 de julio de 1993, en una reunión celebrada en Salamanca. Según la ficha oficial de World Athletics, continúa siendo el récord mundial vigente en 2026.
En la categoría femenina, el récord pertenece a la ucraniana Yaroslava Mahuchikh, que saltó 2,10 metros en París el 7 de julio de 2024. Es una diferencia de 35 centímetros respecto a la marca masculina, aunque las dos cifras representan el máximo nivel histórico de la especialidad.
| Categoría | Marca | Atleta | Lugar y fecha |
|---|---|---|---|
| Récord mundial masculino | 2,45 m | Javier Sotomayor | Salamanca, 27 de julio de 1993 |
| Récord mundial femenino | 2,10 m | Yaroslava Mahuchikh | París, 7 de julio de 2024 |
Cuando se habla de la plusmarca absoluta, normalmente se hace referencia a las pruebas al aire libre. Las competiciones en pista cubierta tienen sus propios registros, porque el entorno, la carrera de aproximación y las condiciones del recinto pueden modificar el rendimiento.
Cómo consiguió Sotomayor una marca tan extraordinaria
Sotomayor ya había demostrado que estaba por encima de su generación. En 1988 elevó el récord a 2,43 metros y en 1989 lo mejoró hasta 2,44. En Salamanca añadió un solo centímetro, pero ese pequeño avance separó una gran actuación de una marca que lleva más de tres décadas sin ser superada.
El salto de 2,45 metros también tuvo un valor simbólico. Sotomayor se convirtió en el primer hombre en superar los ocho pies, una barrera psicológica y técnica que parecía casi inalcanzable. En mi opinión, ahí está una de las grandes lecciones del atletismo: a este nivel, un centímetro exige meses de trabajo y una ejecución perfecta en apenas unos segundos.
La marca no fue fruto de una fuerza bruta descontrolada. El atleta necesitó llegar al listón con suficiente velocidad, transformar esa velocidad en impulso vertical y mantener el cuerpo en una posición eficiente durante el vuelo. Un pequeño error en el último apoyo habría cambiado por completo el resultado.
Qué ocurre durante un salto de altura
El atleta comienza con una carrera de aproximación que suele combinar una parte recta y una curva final. La curva permite colocar el cuerpo en una posición adecuada para el despegue, mientras que los últimos pasos preparan la conversión de la velocidad horizontal en impulso vertical.
La técnica Fosbury flop
La mayoría de los saltadores actuales utiliza el Fosbury flop. El atleta despega de espaldas al listón, gira durante la fase aérea y arquea el cuerpo para que la cabeza, la espalda y las piernas pasen por encima sin derribarlo.
La clave no consiste en elevar todo el cuerpo por encima de 2,45 metros. Durante el arqueo, la cadera puede pasar muy cerca del listón mientras la espalda forma una curva y las piernas se elevan al final. Esta posición reduce la altura efectiva que debe superar el centro de masas, aunque exige una coordinación extraordinaria.
Lee también: Femke Bol y el reto de los 800 metros - así ha evolucionado
Los últimos apoyos deciden el intento
En la práctica, muchos principiantes se concentran demasiado en saltar fuerte. Yo he comprobado que suele ser más útil trabajar el ritmo de la carrera y la colocación del penúltimo y último apoyo. Si el atleta llega demasiado cerca, demasiado lejos o pierde velocidad, la potencia disponible deja de importar.
El despegue se realiza con un solo pie. La pierna de batida debe frenar y empujar contra el suelo en un tiempo muy breve, mientras los brazos y la pierna libre ayudan a ganar altura. Después, el atleta gira y aterriza sobre la espalda en la colchoneta.
Cómo se valida un récord mundial
Una marca no se convierte automáticamente en récord por superar la cifra anterior. La competición debe celebrarse bajo las reglas oficiales, con jueces acreditados, material homologado y una medición exacta del listón. La altura se comprueba desde el suelo hasta el borde superior del listón, en la zona central.
También se controla que el atleta haya respetado las condiciones técnicas. El intento es nulo si derriba el listón, toca el suelo o la colchoneta más allá del plano vertical del listón antes de completar el salto, o utiliza una acción contraria al reglamento.
- El saltador dispone de varios intentos en cada altura.
- Tres fallos consecutivos suelen significar la eliminación.
- El atleta puede pasar una altura y reservar energía para una superior.
- Los récords deben someterse a una revisión oficial, incluida la comprobación antidopaje.
A diferencia del salto de longitud o del triple salto, el salto de altura no depende de un límite de viento para homologar la marca. Aun así, las condiciones del estadio, la superficie de la pista y la calidad de la colchoneta pueden influir mucho en la seguridad y en la confianza del atleta.
Por qué el récord de 2,45 metros sigue vigente
La longevidad de esta marca se entiende mejor al compararla con el rendimiento de la élite actual. Saltar 2,30 metros ya sitúa a un atleta en un nivel excepcional; superar 2,40 requiere una regularidad muy poco común. Los últimos cinco centímetros son una barrera enorme, no una simple progresión matemática.
El salto de altura depende de muchos factores que deben coincidir el mismo día. La velocidad de entrada, la rigidez del tobillo, la fuerza de la pierna de batida, la movilidad de la cadera, la confianza y el estado de la pista pueden cambiar el resultado. Una mejora en un aspecto no compensa siempre un fallo en otro.
Además, los atletas de máximo nivel deben protegerse de lesiones en tobillos, rodillas, espalda y tendón de Aquiles. Arriesgar más en cada intento puede producir unos centímetros extra, pero también aumenta el coste físico. Por eso considero más inteligente construir una técnica repetible que perseguir marcas espectaculares en cada entrenamiento.
Qué puede aprender un atleta amateur de los grandes saltadores
El récord mundial es una referencia histórica, no un objetivo realista para la mayoría. Sin embargo, los principios que explican ese rendimiento sí pueden aplicarse a otros niveles, siempre ajustando la carga a la experiencia y al historial de lesiones.
- Fuerza relativa. No se trata solo de levantar mucho peso, sino de producir fuerza sin añadir una masa corporal que perjudique la elevación.
- Potencia unilateral. Saltos controlados, zancadas y ejercicios con una pierna ayudan a reproducir el gesto de batida.
- Rigidez reactiva. El tobillo y el pie deben responder rápidamente contra el suelo, sin hundirse en cada apoyo.
- Ritmo de aproximación. La carrera debe practicarse con marcas en el suelo y una velocidad que el atleta pueda controlar.
- Movilidad y aterrizaje. La movilidad de cadera y espalda facilita el arqueo, mientras que aprender a caer bien reduce riesgos.
Para una persona que empieza, prefiero una o dos sesiones semanales de saltos bien ejecutados antes que acumular cientos de intentos fatigado. El trabajo pliométrico necesita recuperación, y conviene dejar al menos 48 horas entre sesiones intensas de salto. Si aparece dolor persistente, la técnica debe detenerse y revisarse con un profesional.
El error más común es intentar imitar la carrera de un campeón sin tener todavía fuerza, coordinación o control suficientes. Primero hay que dominar el ritmo, la batida y la caída a una altura cómoda. La mejora llega cuando el cuerpo repite el movimiento con precisión, no cuando se fuerza cada intento.
La cifra que conviene recordar cuando se habla de altura
El dato esencial es claro: Javier Sotomayor saltó 2,45 metros en Salamanca y nadie ha superado todavía esa marca mundial masculina. En mujeres, Yaroslava Mahuchikh elevó el listón hasta 2,10 metros en 2024, demostrando que la prueba continúa evolucionando.
Más allá de los números, el salto de altura enseña que el rendimiento máximo nace de unir velocidad, fuerza, técnica y paciencia. Esa combinación es mucho más útil para entrenar que obsesionarse únicamente con la cifra final del listón.